¿Te sientes constantemente abrumado, agotado, de mal humor, cansado… Con muchas variaciones en tu estado de ánimo y con dificultad para manejar tus emociones? Puede que incluso identifiques tensión muscular o en el cuello constante… Es posible que estés pasando por un cuadro de estrés.

El estrés es un  mecanismo con el que contamos para prepararnos y reaccionar ante nuevas situaciones, retos, desafíos, situaciones exigentes e incluso que puedan suponer peligro. Se liberan en nuestro organismo una serie de hormonas, entre ellas la adrenalina o el cortisol, que activan nuestro cerebro para que esté más alerta y facilite nuestra respuesta para ponernos en acción, como por ejemplo, mandando más oxígeno a los tejidos, tensando los músculos y aumentando la frecuencia cardiaca, entre otros efectos.

Cierto nivel de estrés no es necesariamente malo per se, incluso puede ser beneficioso porque facilita que nos  adaptemos a las circunstancias cambiantes: Seguro que conoces esa sensación de cosquillas debidas a los nervios por empezar en una nueva clase o en un puesto de trabajo distinto, es decir, cuando te enfrentas a un reto nuevo. Este mecanismo también nos permite  reaccionar más adecuadamente  ante una emergencia, por ejemplo, cuando alguien se cae por la calle y acudimos en su ayuda.

El problema vendría cuando esa situación se cronifica en el tiempo y el estrés deja de ser una reacción puntual para convertirse en un estrés sostenido, por ejemplo, si los problemas en el trabajo (estrés laboral) o en la pareja (estrés emocional) se alargan y no se solucionan o si algún allegado cae enfermo durante largo tiempo, podemos vernos abrumados por esas situaciones de estrés del que nos resultará difícil salir.

 

Síntomas físicos del estrés

Los dolores de cabeza, contracturas, tensión muscular, la sensación de agotamiento  o cansancio constante, molestias gastrointestinales… Son sólo algunos ejemplos de los síntomas que muestra el estrés. El estrés incluso puede causar mareos. A través de la somatización, nuestro cuerpo  nos da señales de que algo no está yendo bien, de que estamos bajo una situación de sobre-esfuerzo y tensión excesiva, ya sea psicológica, emocional o incluso física. Es bastante común que en situaciones de estrés en el trabajo, estrés académico o estrés emocional, se dé este tipo de sintomatología, que a menudo es difícil distinguir de una causa biológica. Por esto, es importante analizar bien las rutinas, comportamientos y emociones asociadas al día a día, así como las actividades de ocio y de socialización, si es que existen, y el nivel en que se disfrutan, para poder determinar si hay una situación de estrés que pueda ser compatible con la sintomatología presente.

 

Síntomas psicológicos del estrés

Entre los síntomas psicológicos que nos permiten identificar el estrés, son comunes la confusión mental, los fallos en la memoria, fallos a la hora de expresar palabras, falta de concentración y energía, problemas en el área de la sexualidad, preocupación constante, pensamientos intrusivos/ansiosos, problemas con el sueño, entre otros. Suelen ser llamativos pero también se pueden confundir con otros cuadros, por lo que es importante evaluar correctamente para distinguirlos y hacer un buen diagnóstico. Estos síntomas suelen generar más tensión y malestar a la persona que los sufre, ya que se siente limitada o ve mermadas sus capacidades, a la vez que nota que el entorno ve que algo no va bien y tiene miedo a ser juzgada o siente vergüenza porque son síntomas que no puede controlar, al no saber bien de dónde proceden y cómo gestionarlos. Y a la vez, vivimos en un mundo con altas exigencias de rendimiento, rapidez, nuevas tecnologías…Que  muchas veces nos generan también una hiperactivación y una hiperestimulación que no sabemos detectar, pero que a la larga, puede generarnos una situación de estrés.

 

¿Cuándo buscar ayuda?

Si notas varios de estos síntomas, malestar, desánimo… Consulta con un profesional. No es algo por lo que tengas que pasar solo o sola. Es interesante buscar ayuda a tiempo, de cara a que esta situación no se cronifique, ya que también tiene repercusiones a nivel físico y puede afectarnos en forma de enfermedades a largo plazo. Existen estudios que demuestran la relación entre el estrés  y el  sistema inmune, por ejemplo, al liberarse en el torrente sanguineo   hormonas relacionadas con el estrés,  se reduce la respuesta del organismo a los patógenos externos. También puede interferir con la fertilidad, nuestros sistemas digestivo, vascular y respitatorio e incluso afectar a nuestro sistema musculoesquelético. Hay tratamientos para el estrés, de índole psicológica, que te aportarán herramientas para aprender a gestionarlo.  En mi caso, la terapia Cognitivo Conductual y el Mindfulness son psicoterapias que suelo aplicar en mi consulta para el manejo del estrés. Consulta siempre con un profesional adecuado que haga un buen diagnóstico para ayudarte a elegir el mejor tratamiento que se ajuste a tu caso y tus circunstancias.